martes, 28 de abril de 2026

You've been so busy with your writing, New York

 Llegué a casa hace poco rato y estoy echado en mi cama disfrutando un canal que encontré en YouTube de Noir Jazz. Afuera hace frío, pero acá adentro el landlord ha prendido el radiador así que el dormitorio está rico, vivible. 

Pensaba en algo que leí hoy "que muchos textos originalmente buenos, fueron estropeados por sus autores cuando quisieron perfeccionarlos". Es difícil, la escritura es difícil porque depende de balances estéticos que no todos logran, o logramos. Balance estético, no sé, se me acaba de ocurrir ese concepto, pero siento que representa muy bien lo que quiero decir. ¿Cómo se sabe cuando ha de narrarse o cuando los personajes deben dialogar? Pues no se sabe, pero se siente. Se lleva en el alma, en la soul, cuando es necesario lo uno o lo otro para la armonía del texto. La armonía del texto, bello concepto, también se me acaba de ocurrir, y me imagino que no debo explicarlo. Verosimilitud estética. La pintura me imagino que es similar, pero como yo no pinto, pero sí escribo, me refiero solo a ese tema. Y he comprendido hace poco, y a pesar de tener una novela encima, que a la estructura clásica le han puesto, introducción, desarrollo, clímax y desenlace, o algo así. Pues eso no lo esperen en este blog. No vengo a proponer nada, sino solo a dar rienda suelta a los pensamientos que van pasando por la conciencia como mosquito en el aire, sin rumbo, como las conversaciones con mi amiga Jessica. 




Hace poco presenté un cuento en un taller literario y me criticaron eso, que no tenía claramente la estructura lógica de la narración y pues bueno, sí les concedo que puede que tengan razón. Mi amiga francesa Nelly me dijo que quizá no era un cuento sino más bien un relato. Nunca se me había ocurrido preguntarme cuál era la diferencia entre ambos conceptos. Y a pesar de que tendería a pensar que los relatos son el gran cosmos en el que se encuentran los cuentos, quizá un relato pertenezca a otra categoría, a un lugar de no cuento en que no es necesaria la estructura lógica de introducción... bla, bla, bla. Recuerdo cuando leí a Samuel Becket por primera vez (espero no equivocarme de autor y estar hablando de alguien distinto) y pasé por un cuento que no tenía puntuación. ¡Vaya! ¿relato o cuento entonces? Una larga cadencia asociativa de palabras. Muy interesante por lo demás para mí un joven aprendiz de esto que le llaman escritura.

Pues eso. Estoy trabajando ahora en un cuento, ahora sí cuento, sobre un tema peliagudo. Espero que me salga bien. Nos vemos ladies and gents.

¡Ah! quería decirlo, pero casi lo dejo en el tintero. Para mí hay 3 actividades que logran justificar el haber nacido:

-leer

-ver una buena película

-escribir

Y sospecho que Nueva York me está haciendo renacer a la última, que tenía por tanto tiempo olvidada. Thanks, New York, my wild baby, always yours.

lunes, 20 de abril de 2026

A veces me da por escribir en papel y otras aquí

A veces me da por escribir en papel y otras aquí. Es de noche, son las 2:07 de la mañana y hay un silencio total adentro y afuera de esta casa de 100 años. En la calle escuché hace poco rato un sonido metálico y cuando le pregunté a la Inteligencia Artificial, me dijo que probablemente era el Smiling Man abriéndose camino a esta realidad, nada muy alentador.


Hoy fue un día bueno. Hubo presentación en este local de Queens, La Terraza 7, de una revista literaria antigua pero que yo no conocía, Hybridos, acá en Nueva York (entre paréntesis, wow, nunca pensé que estaría escribiendo aquí en este Blog sobre mis peripecias como migrante newyorkino recién llegado... aunque ya voy para los 2 años). Siempre que hay presentación ahí, voy, porque siempre lo paso bien. La primera vez me tomé una jarra de cerveza IPA que disfruté hasta la última gota. Tenía los mismos planes hoy (¿o ayer?) pero no hubo cerveza porque llegamos tarde. Y llegamos tarde porque veníamos atrasados desde Manhattan pues la cháchara en el local peruano al que pasamos se nos extendió en el tiempo. Y no solo porque la conversación estuviera buena sino porque... ¡¡el local no tenía baños!!, ¿pueden creerlo?, y bueno, quien me conozca un poco sabrá que yo soy una persona que suele ir al baño cuando está comiendo y bebiendo, como el 95% restante de la humanidad, así que cada vez que necesitaba ir al baño, debía salir del local, caminar 3 cuadras hasta la Moynihan Train Hall, y vaciar mis interiores en los baños públicos de este lugar. Y luego volver al local. Por todo eso llegamos atrasados. Pero bueno, es bonito estar con gente. Es bonito porque después de sentirme a veces realmente solo en esta ciudad tan grande, caminar ahora ya siendo parte de un grupo de personas es valioso. Así que a veces aunque no estoy disfrutando tanto porque mi tendencia al ostracismo no se calla, intento mentalizarme con la idea de que esto es lo que yo finalmente busqué y quise. 

La casa donde vivo tiene más de 100 años (¿es válido cambiar de tema tan abruptamente?, me pregunto yo) y por eso se me ocurrió preguntar a la A I si creía que alguien se había ahorcado aquí. Como la AI siempre intenta ser buena onda, era claro que se inclinaría por algo distinto, así que me dijo que a pesar de que era algo no tan probable, lo del suicidio, sí era muy posible que hubiese muerto gente aquí. Y pues claro, esta casa ha pasado la gran depresión, los incendios de departamentos en el Bronx en los años 70, las torres gemelas, entre muchas otras más cosas, así que claramente que es ultra probable que en todos estos años SÍ haya muerto más de una persona en esta casa donde vivo. Me pregunto ahora, ¿qué habrá pasado con las personas que vivían aquí para ese fatídico 11 de septiembre de 2001? Día en que yo hacía mi servicio militar en Arica y en que me desesperaba la idea de no poder salir a buscar la encomiendo que me había llegado de Santiago. Lo recuerdo como ayer, yo entrando a la cafetería de soldados para preguntar al Capitán Ramirez si podía salir. El capitán apartando la vista del televisor donde 2 torres humeaban a lo lejos, y diciéndome que sí, que sí podía salir. En ese momento yo no tenía idea de que ese lugar al otro lado del mundo en que todo parecía estar desmoronándose con el colapso de esos 2 edificios, sería más tarde el lugar al que llamaría hogar. Y aquí estoy, acostado en mi cama del Bronx tecleando estas palabras pensando que por estas ventanas de mi dormitorio se vieron las columnas de humo y muerte de las torres gemelas aquel día, y que, desde estas ventanas de mi dormitorio, hubo ojos humanos que creyeron que ese día era el fin. Ese fin llegó a muchas almas ese día, muchas almas que perdieron sus cuerpos y debieron emigrar para donde sea que se vayan las almas. Me pregunto si se habrán quedado dando vueltas por ese sector. Todos conocemos las torres gemelas y asumimos las muertes de esas personas como algo que ocurrió probablemente adentro del edificio, o al desmoronarse, pero pocas veces pensamos en aquellas personas que saltaron de las ventanas en un último intento de no morir calcinados. Esas personas encontraron su fin al chocar contra el piso y pensar en eso es horroroso. Don deLillo se preguntó lo mismo y escribió El hombre del Salto, uno de los libros más extraños que he leído. Lo leí cuando no sabía que me venía para acá. Quizá debería leerlo de nuevo, con la percepción modificada de quien ha vivido acá ya un tiempo.

Hace frío y es de noche.

La noche, como todas las noches, está oscura y silenciosa. Llegó la hora de dormir.


NYC





lunes, 6 de abril de 2026

Pasa el tiempo

Desde la última entrada que escribí hasta esta, han pasado 3 años. 

Entonces vivía en Chile y trabajaba como psicólogo en una vida que no me parecía muy deseable. Hoy vivo en Estados Unidos, y a pesar de que bajé unos cuantos peldaños en la escala socio-profesional, digámosle así, vivo una realidad que me hace más feliz: experimentar el tal llamado sueño americano... en carne propia. Cuando comenté los 4 libros que había leído hace poco tiempo en el último post, probablemente rondaba en mi cabeza la pregunta de qué sería de mi vida en el futuro y si mis planes para irme del país me resultarían. Ya los había empezado y para entonces esperaba respuestas. Me resultaron y ahora le escribo a esa versión antigua mía diciéndole que todo salió realmente bien. Iván, ya llevas casi 2 años viviendo en Nueva York y has avanzado muchísimo, aunque no lo notes, o tu mente te lleve a creer a ratos que sigues estancado. La silla vacía le llamaremos, el espejo blog.


¿Qué sucede en estos instantes? Después de buscar las claves para entrar de nuevo al blog, tipeo estas palabras en el computador que me traje de Chile, acostado en mi cama del Bronx. Hay un silencio sepulcral. Estoy a 1 kilómetro de la estación de metro más cercana y aun así lo escucho cuando pasa. Así de callado está todo. Vivo en una casa con más personas, pero a esta hora todos duermen, y a pesar de que las paredes no son gruesas, se siente como si no hubiera nadie más aquí. Esta casa por lo que he investigado en mis noches placenteras de desvelo de no trabajo al día siguiente, tiene más de 100 años. Es decir, la pared que estoy mirando en este momento al frente de mí, ha visto las historias de las personas que vivieron aquí mismo durante más de 100 años. Pensar en eso es algo que no deja indemne a ninguna reflexión.



En esa pared de al frente, la semana pasada pegué la foto de mi abuela. Es la misma que tenía pegada en mi departamento en Concepción y reconozco que le da al dormitorio una calidez de hogar que no tenía. Ahora vuelvo a dormir bajo su mirada. 

Eso es todo por hoy. Mañana, a participar en un taller que nos metimos con otro chileno que conocí por aquí: English Poems.

Good night.


Ivan, everything´s gonna be all right boy.